Las cosas raras que m'an pasao (2)

 La primera parte de mis peripecias:

https://rekete333.blogspot.com/2023/06/las-cosas-raras-que-man-pasao-1.html

Lo dejé en mi adolescencia, ya mencioné que estaba distraída con otros temas que no vienen al caso y que se resumen en esta foto:

En verdad ahí falta el dibujito de una calavera. Pero solo eso.

Que cada cual saque sus conclusiones.

He conseguido ubicar en el tiempo gran parte de los hechos que voy a contar gracias a las fotos que he ido sacando a mis animales :3

Puerta

A finales de 2014 yo vivía en una casa con otras dos personas, y en invierno teníamos una estufa de gas encendida en el salón y nos turnábamos para salir a la gélida cocina a preparar la cena de todos y traerla al salón, y luego volver a llevar las cosas al terminar. Cada día nos tocaba a uno.

En esa casa había una puerta peculiar, de hecho tengo una foto de Mao en la que sale esta puerta. Es la más cercana, la de madera:

Esa dichosa puerta tenía la manía de abrirse si no la dejabas bien cerrada del todo, y al mismo tiempo de cerrarse si la abrías demasiado. En esta foto sale la posición donde la puerta estaba cómoda y dejaba de incordiar. Además la manilla estaba un poco suelta y no siempre cerraba bien del todo a la primera, esa puerta al cerrarla siempre nos quedábamos dos o tres segundos comprobando que se había enganchado bien el picaporte, porque con frecuencia creías que la habías cerrado bien pero no, y según te dabas la vuelta escuchabas cómo se soltaba y el chirrido de las visagras al abrirse la puerta. Porque además chirriaba como en las pelis de miedo. Era divertido, dio pie a muchas bromas.

La cuestión es esa, que esa puerta comprobábamos que quedaba bien cerrada, porque es la de la entrada y así procurábamos que no se colara tanto frío, y si no la cerrabas bien del todo en seguida se abría y te dabas cuenta.

Con este contexto: un día me tocó a mí ir a por la cena. Según salí del salón, cerré la puerta y mientras me dirigía a la cocina, giré la cabeza para comprobar de un vistazo que la puerta permanecía cerrada, a causa del frío como ya mencioné. Y fui a por la cena y la llevé al salón y cenamos y todo correcto.

Y si eres un poquito perspicaz ya sabes cómo termina esta historia.

Sí, cuando salí a llevar las cosas a la cocina la puñetera puerta estaba abierta.

Termino de contarlo por decoro, por aclarar los detalles.

Según abrí la puerta del salón, la cerré tras de mí, me di la vuelta, me di cuenta de que la puerta de la entrada estaba abierta, y (vas a tardar más en leerlo que lo que tardé yo en hacerlo) me volví a dar la vuelta, volví a abrir la puerta, volví a entrar al salón, la volví a cerrar tras de mí, y cuando me giré para mirar a mis compis, que me miraban bastante sorprendidos, empecé a preguntarles si alguno de ellos había salido pero me interrumpí a mitad de frase porque habíamos estado juntos en todo momento y sabía que era una pregunta absurda porque no, ninguno habíamos salido, ni siquiera al baño.

Al interrumpirme a mitad de frase ellos no entendieron lo que estaba pasando bien del todo, pero obviamente se dieron cuenta de que pasaba algo raro, porque en vez de estar yo llevando las cosas de la cena tranquilamente a la cocina, estaba en el salón farfullando cosas inteligibles toda nerviosa.

Hubo unos instantes en los que intentaba buscar una lógica a esta situación hasta que mis compis ya me dijeron "¡pero qué te pasa!" y les solté de sopetón que la puerta de la entrada estaba abierta.

El último que había entrado me contradijo, diciendo que se había asegurado de que quedaba bien cerrada cuando entró. Y ya he explicado que si no la dejas bien cerrada se abre ella sola en seguida. Y le respondí que ya, que antes al ir a por la cena me había fijado y estaba cerrada, pero ahora estaba abierta.

Su primera reacción, de ambos, fue no creerme, obviamente. Se pensaron que les estaba gastando una broma o algo. Pero me puse seria y les dije que fueran a verlo por sí mismos. Se levantaron y salimos juntos al pasillo, y vieron con sus propios ojos que estaba abierta. Y yo aproveché que estábamos todos fuera para ir a dejar las cosas a la cocina de una santa vez, y volver a reunirme con mis compis en el pasillo rápidamente, porque soy muy valiente.

Estuvimos debatiendo un poco sobre lo que podía haber pasado.

Sabíamos que no la dejábamos abierta nosotros por el frío, y que ninguno tuvimos un despiste porque la primera vez que salí estaba cerrada.

Al principio me acusaron de haber sido yo la que la había abierto la primera vez que salí a la cocina, pero en seguida se dieron cuenta de que yo no estaba bromeando en absoluto. De hecho yo en ese momento era la que más tiempo pasaba en la casa de los tres, y era la más pesada con los demás con el tema de cerrar puertas y mantener el calorcito.

Y sabíamos perfectamente que si la dejas mal cerrada, se abre sola en seguida. Lo primero que hicimos (bueno, hicieron mientras yo dejaba las cosas en la cocina) fue comprobar que no se nos había colado nadie en casa, pero la puerta de la calle estaba bien cerrada con llave, como la habíamos dejado. Y las ventanas tenían reja todas. Era imposible que alguien hubiera entrado.

Por si acaso comprobamos el resto de las habitaciones, pero no hallamos nada raro. Además, en caso de que alguien se hubiera colado, no había forzado la entrada, en ese caso tenía llave y había abierto los dos giros de llave de la puerta de la entrada, y luego los había vuelto a cerrar sin que nos diéramos cuenta, cuando estábamos al lado.

También comprobamos que el mecanismo de la puerta seguía fallando tal y como he descrito, y sí, seguía abriéndose ella sola en seguida si no la dejabas bien enganchada. Así que también descartamos la posibilidad de que estuviera mal cerrada y esa hubiera sido la primera vez que no se soltó inmediatamente, sino que se mantuvo cerrada hasta que se soltó... por lo que fuera. Pero es que siempre se había abierto al instante si no estaba bien cerrada, y en caso de que esa fuera la excepción que confirma la norma, era raro que yo pasara por delante dos veces y no se abriera, o al abrir o cerrar yo la puerta del salón.

Y tampoco podían haber sido los animales, porque estaban todos con nosotros en el salón con la puerta cerrada.

Al final concluimos que no era normal lo que había pasado, pero tampoco supimos encontrarle explicación.

Como dato curioso, tras ese incidente la puerta siguió haciendo lo mismo si no la dejabas bien cerrada, eso de abrirse a los dos o tres segundos ella sola.

Duendecillo (1)

Ya mencioné que yo era la que más tiempo pasaba en esa casa de los tres. Y claro, gran parte de ese tiempo estaba a solas. Bueno, estaba con los animales, pero yo era la única humana.

Tras ese incidente de la puerta me empezaron a pasar cosas raras, pero que no dan mal rollo. Me empezaron a gastar bromas y trastadas, pero es eso, eran travesuras y yo era consciente de que lo eran.

Sobre todo lo que hacía(n) era cambiarme cosas de sitio, o esconderme cosas, y entonces tenía que ponerme a buscar el objeto perdido. Algunas veces después de un rato me lo encontraba en medio de la mesa del salón, que ya la había chequeado cincuenta veces y no estaba allí antes.

Al principio atribuía estas cosas a mi despiste, pues reconozco que soy terriblemente despistada, pero llegó un punto en que me daba la sensación de que no era cosa mía, y empecé a buscar las cosas a conciencia y a recordar dónde había mirado ya, y así una y otra vez me di cuenta de que me aparecían las cosas en sitios donde ya había mirado. Y tras una y otra vez al final asumí que estaba pasando algo raro. Y entonces cuando me desaparecía algo, por ejemplo el mechero, decía en voz alta "¿Dónde estará mi mechero?" con tono de travesura, como cuando estás jugando al escondite con un niño y se ha tapado la cara pero se le ve todo el culo, pero te apiadas de él y te haces el inocente y dices en voz alta "¿Dónde estará escondido este niño?" Pues igual. Y entonces me daba un paseíllo por la casa y cuando volvía a mirar la mesa del salón, ahí estaba, encima o justo delante del portátil, el mechero o lo que quiera que me hubiera(n) birlado en ese momento.

Al principio se me ocurrió que era mi Duendecillo, parecido a Peretxo, el de la peli "El sueño de una noche de San Juan".

 No voy a negar que algunas veces, sobre todo al principio, a pesar de ser yo consciente de que si fuera algo malo no me estaría tocando los cojones en tono de broma, cuando me daba cuenta de que me había vuelto a desaparecer algo se me ponían todos los pelos del cuerpo como escarpias. Porque normal tampoco era. Al menos en ese momento. Ahora ya lo he normalizado y algunas veces no encuentro algo y primero acuso a mi duendecillo de haberlo birlado y luego al buscarlo me doy cuenta que a veces soy un poco injusta con él, porque con la empanada mental que yo gasto, sinceramente, tampoco necesito un duendecillo tocacojones para perder cosas, me basto yo solita jajajaj

¡Pero que sufra mi tormento como yo sufro el suyo! ^^

En aquel momento solo me di cuenta de que me liara(n) lo de la puerta y cambiarme cosas de sitio, y no entendía muy bien por qué había un bicho (o más de uno, vete tú a saber) que yo no podía ver pero que era demasiado obvio ya que estaba(n) incordiándome con sus travesuras.

Ahora me doy cuenta de que eso fue solo el principio. Y ni siquiera el principio del todo, fue el principio de cuando volví a prestar atención a este tipo de cosas.

Y es que yo no tenía manera de saberlo en ese momento, pero lo de la puerta ocurrió unos 10-15 días antes de que mi perra Leda muriera, y yo lo pasé fatal.


En ese momento no era consciente de esto, pero tras darle muchas vueltas he llegado a la conclusión de que se pusieron a incordiarme para hacerse notar. Creo que estaban intentando apoyarme. En ese momento no lo entendí del todo, pero así a lo tonto, sí que me ayudaron, la verdad. Bueno, o me ayudó. Sigo indagando sobre ello...

En un comienzo agrupé todas las cosas raras que me pasaban y se las atribuía a un único bicho, al que llamaba mi Duendecillo. Ahora no lo tengo tan claro.

Pero ya he adelantado suficientes acontecimientos.

Volveré a hablar de mi Duendecillo (obviamente) :b

Portátil

Poco tiempo después de esto dejé de vivir ahí. De hecho fue una época un poco turbia en que me mudé demasiadas veces en demasiado poco tiempo, prefiero no dar más detalles personales de los necesarios porque fue una época realmente mala para mí.

La cuestión es que en 2015 yo estaba viviendo en un sitio donde no tenía luz, pero sí que tenía dónde cargar el móvil y el portátil, y solía quedarme jugando al ordenador un rato por la noche hasta que se me acababa la batería y se apagaba.

Un día especialmente malo, ni siquiera recuerdo por qué, pero ese día estaba especialmente hecha mierda, estaba jugando al ordenador, en específico a los Sims 3, y además estaba rayándome con mis cosas y planteándome muy fuerte si ir al psicólogo, o directamente al psiquiatra.

Lo de mi falta de salud mental; por un lado ya mencioné que era una mala época, probablemente si hubiera ido me hubieran diagnosticado una depresión de caballo o algo así. Y por otro lado, porque empezaba a darme cuenta de que había pensamientos que surgían en mi mente, pero cada vez estaba más segura de que algunos de ellos no surgían de mí misma, y me estaba rayando mucho el tema de la esquizofrenia, la verdad. Pero tengo un caso cercano, sé cómo es la esquizofrenia y esto no era exactamente lo mismo, por eso sabía que lo que me estaba pasando, más allá de todo lo patas arriba que estaba mi vida en ese momento, no era normal pero tampoco se adaptaba del todo a ninguna patología, porque estuve informándome y no encajo con nada. Que ya sé la crítica obvia que alguien sensato podría introducir aquí: "¿cómo puedes estar segura, si te informaste tú misma en vez de acudir a un especialista?"

En realidad, sigo sin estar segura del todo de absolutamente nada, lo que pasa es que cada vez que me entran serias dudas de mi salud mental, o más bien de su carencia, y me planteo fuertemente ir al psiquiatra, me sucede algo inexplicable, como lo que me ocurrió aquella noche.

Pequeño repaso: donde yo vivía no tenía electricidad así que me quedaba jugando al ordenador, en concreto a los Sims 3 en esa ocasión, hasta que se acababa la batería y se apagaba.

Ese día estaba tan hecha mierda que sólo me apetecía poder quedarme un ratito más jugando al ordenador, para mantener mi mente distraída y no rayarme hasta que me entrara un poco más el sueño, a ver si con un poco de suerte me quedaba dormida pronto, que estaba teniendo algunos problemillas con el sueño también y no descansaba correctamente y luego estaba cansada y así era más fácil estar triste y rayarme y por eso me costaba dormir y era la pescadilla que se mordía la cola.

Y estaba jugando al ordenador procurando mantenerme distraída, con bastante poco éxito, cuando me saltó el aviso del portátil de que se estaba quedando sin batería y que estaba al 15%, si no recuerdo mal. Después de ese aviso el ordenador tardaba unos 10 minutos en consumir esa batería y apagarse, algunas veces un poquito más y otras un poquito menos, depende de lo que consuma el pc.

En ese momento recuerdo que suspiré con resignación y fue plan de, "con todo lo que tengo que aguantar, ¿no podría al menos tener un ratito de distracción entre tanta mierda?"

Y estuve un ratito dándole vueltas a esa idea, hasta que volvió a saltar el aviso del portátil, esta vez de que quedaba solo un 5% de batería, si no recuerdo mal. Lo que sí recuerdo a la perfección es que sujetaba el ratón con la mano derecha y tenía la izquierda posada sobre el teclado del portátil. La izquierda simplemente reposaba sobre el teclado, manejaba el juego con el ratón.

Y recuerdo pensar "hoy me lo merezco", y justo después "sí, hoy te lo mereces".

Y entonces sentí como un cosquilleo que bajaba por mi brazo izquierdo y más cosquilleo todavía en mi mano izquierda, y tuve la sensación de "no muevas esa mano". Lo noté, pero procuré no darle demasiada importancia, por eso de la salud mental que ya he explicado. 

Pero la cuestión es que llegó un momento en que intuitivamente, a raíz de estar jugando otros días con ese mismo ordenador a ese mismo juego, me dio la sensación de que el ordenador debería estar ya apagándose. Pero de nuevo procuré no darle demasiada importancia y simplemente seguí jugando a lo mío, aprovechando el momento porque no tardaría mucho en apagarse.

Pero pasaron 5 minutos, y yo en plan, "pues sí que le está durando hoy la batería al portátil"...

Y 10 minutos, y yo "está empezando a durar casi demasiado la batería hoy"...

Y 15 minutos, y yo "esto empieza a no ser normal"...

Y bueno, no sé el tiempo exacto que estuve jugando "de más", con la mano izquierda sobre el portátil, con el hormigueo por el brazo y esa misma mano, y con la sensación de "mejor no muevas la mano de ahí". Calculo que estuve entre media hora y tres cuartos de hora jugando desde que el portátil me avisó de que se estaba acabando la batería, en lo que normalmente duraba unos 10-15 minutos.

Y en el momento en que asumí que sí, que eso no era normal y que no sé cómo carajos estaba sucediendo, pero estaba alimentando mi ordenador portátil con mi mano izquierda, porque ya había pasado demasiado tiempo y ya era obvio, ocurrieron dos cosas a la vez: sentí un picor en el cuello y en mi mente apareció el pensamiento "ya es suficiente". Sin pensarlo, retiré la mano izquierda del teclado para rascarme el cuello, y justo cuando levanté la mano del teclado, el ordenador se apagó y yo me quedé con la mano arrimada al cuello, quieta porque se me había olvidado el picor con la sorpresa, y fue plan de "vale, esto ha ocurrido de verdad, no estoy loca".

Y justo después de pensar eso fue una sensación curiosa cuando se me fue disipando ese hormigueo, que supongo que era la manera en que yo percibía esa energía que estaba transmitiéndose al portátil, y la sensación de que había alguien riéndose muy fuerte en esos momentos.

...

Este recuerdo lo comparto con muchísimo cariño, porque fue un rayito de luz entre tanta mierda. Espero que lo aprecies como se merece.

Y si no te crees que esto sucediera así, te entiendo, porque es raro de cojones. Si no me hubiera sucedido a mí misma, si estuviera en tu piel y es que alguien me viniera y me contara esto, no sé si me lo creería, la verdad.

En su momento se lo conté a un chico que a su vez se lo contó a un chamán que vive cerca (o vivía, ahora no sé nada de él la verdad). Aquí me gustaría incluir el disclaimer de que yo soy bastante reacia de llamar a alguien así de primeras sin conocerle en persona, porque hay mucho charlatán y hay que tener cuidado, pero en honor a la verdad he de decir que esta zona es muy pequeña y al final nos conocemos todos, y de este chamán no he escuchado nada turbio, aunque tendría que coincidir con él en persona antes de asegurar sin ninguna duda que va en serio. 

Como sea, el chamán le dijo a este chico que le gustaría conocerme algún día, porque eso que me había pasado ni siquiera era algo paranormal, era algo mucho más gordo, a nivel espiritual incluso. Que creía que yo soy muy importante y por eso tengo seres poderosos echándome un ojo, para vigilarme y protegerme.

Y fue plan de, ¿de qué coño habla este tío? ¿A nivel espiritual de qué? ¿Importante para qué, o quién? ¿Vigilarme por qué, protegerme de qué?

¿¿¿Qué putammmierda está pasando aquí???

Un tiempecito después de eso ese chico que conocemos en común se dio cuenta de que me apellido Guerrero y le llamó la atención, y me dijo que otra vez que coincidió con el chamán, cuando se lo comentó, el chamán se echó a reír y le dijo que no le sorprendía en absoluto.

He mantenido las preguntas arriba expuestas desde entonces. Y las pocas respuestas que he obtenido solo me han llevado a más preguntas. La frase que más he repetido desde más o menos esta época hasta hace bien poco es:

"Los dioses me reketeodian -.-"

Cosillas espacio-temporales

A lo largo de 2015 y 2016 me di cuenta de algunos detallitos especialmente peculiares, teniendo en cuenta que mi ubicación espacio-temporal desde bien pequeñita es bastante cuestionable, como ya he expuesto.

En una ocasión en 2015 me di cuenta de que hubo un día intercalado donde no debería haberlo. Un martes en concreto. Me di cuenta porque desde mediados de la semana anterior estaba quedando todos los días con alguien para hacer algo, y al terminar el martes, después de quedar con quien había quedado y hacer lo que habíamos hablado, recuerdo que estaba cansada de estar todos esos días p'arriba y p'abajo sin parar y me dije "ojalá poder tener un día de descanso, pero esta semana la tengo toda liada también". Pero al día siguiente me levanto, y me doy cuenta de que vuelve a ser martes. Y fue plan de... ¿es cosa mía? Pero se lo comenté al amigo con el que había quedado el día anterior:

Yo- Oye... ¿recuerdas que tú y yo quedamos justo ayer verdad?

Él- Sí claro, ¿por?

Yo- ¿Y te das cuenta qué día de la semana era?

Él (se lo pensó unos segundos)- Martes, ¿por qué, qué pasa?

Yo- ¿Te has dado cuenta de que hoy también es martes?

Él (se quedó callado pensando bastante más rato que antes)- Eeeeeh, pues ahora que lo dices es verdad.

Yo- Tenemos un día repe esta semana.

Él- Pues qué cabrones los que hayan sido, ¡ya podía haberlo hecho en fin de semana!

Y efectivamente, lo comprobé con él. No sé cómo cojones lo hacen para que el mundo no se pare a pensar demasiado en este tipo de cosas y sigan su vida sin más, pero suceden, y no solo a mí. 

Y hubo otro día que me dio la misma sensación, pero no estaba quedando con nadie y no pude contrastarlo, así que no estoy segura del todo.

Ese mismo año conocí a un francés que, a pesar de ser francés y yo española, hicimos buenas migas :b

No, en serio: es un chico que está muy en contacto con la naturaleza. Se autoproclamaba el príncipe del bosque, y era un sol porque a mí me llamaba la princesa del bosque. Aunque yo más bien soy de monte, pero era adorable. Me contó peripecias suyas allí en Francia y por el mundo, algunas buenas y otras malas, y vaya aventuras. Me contó que una vez estaba mirando un fuego y en las brasas vio un dragón pequeñito allí recostadito durmiendo. Me gustaba mucho hablar con él de los seres elementales de la naturaleza. Entre otras muchas cosas.

Ese francés un día se fue de paseo, como hacía habitualmente, y se llevó a otros dos amigos, un chico y una chica. La otra chica, el francés y yo estábamos viviendo muy cerca y el otro venía de visita con tanta asiduidad que casi podíamos decir que vivía con nosotros. Y a mí también vinieron a decirme a ver si me apetecía ir de paseo, pero estaba cansada y justo estaba pensando en echarme una siesta, y decidí quedarme a dormir, que además esa noche habíamos quedado en hacer una fiesta junto a la hoguera. Como dato curioso a tener en cuenta, esa mañana le había echado la bronca a uno de los perros, ni recuerdo por qué pero es un detalle relevante. Ellos me dijeron que durmiera bien, y yo les dije que se divirtieran y que me despertaran cuando volvieran para preparar la cena y las cosas para la noche.

Así quedamos y ellos marcharon. Alrededor de las 12 de la noche me desperté, y al darme cuenta de lo tarde que era me dije "qué cabrones, no vinieron a despertarme". Lo raro era que todo estaba en absoluto silencio, y vivíamos lo suficientemente cerca para escuchar el barullo que hubieran montado desde mi casa. Quizá es que estaba empanada por haber estado dormida, así que me desperecé y me acerqué a donde el francés, que era donde pensábamos hacer la fiesta, y no había allí nadie. Y donde la otra amiga tampoco. Y donde el otro chico ni de coña porque vivía con sus padres, por eso se nos acoplaba todo el rato.

Pensando en que igual se habían entretenido, me planteé encender el fuego y esperar a que volvieran, pero no quedaba leña. De hecho era uno de los motivos del paseo, recoger leña todos juntos y traer un buen montón que durara varios días, porque solíamos reunirnos junto a ese fuego para cocinar y pasar el rato juntos.

Así que volví a mi casa a esperar a que volvieran, pero no les escuché volver. Me mantuve despierta unas horas, pero como vi que no volvían supuse que habrían ido a comprar algo y habrían hecho una hoguera allí en el monte directamente. Me sentó un poco mal, porque bien me podrían haber avisado, y no tenía ni llamadas, ni mensajes, ni nada. Pero ya he mencionado que era una época mala, por suerte o por desgracia muy recientemente me había traicionado quien yo consideraba mi mejor amiga, así que en esos momentos pensé mal de estos chicos, y me dije que las personas que no merecen la pena, cuanto antes me dé cuenta, mejor. Cuando me entró hambre comí algo y cuando me dio sueño me eché a dormir.

Mi sorpresa fue que al día siguiente por la mañana tampoco aparecieron. Ni al mediodía. Ni después de comer. Ni a la tarde.

La sorpresa fue mayúscula cuando volvieron al anochecer del día siguiente, cargadísimos de leña. Y al acercarme, porque les escuché llegar, me dijeron: 

-Ah ya estás despierta, veníamos hablando de ir a despertarte.

Y yo estaba sorprendidísima, pero decidí seguirles el rollo, en plan: 

-...claro, porque solo ha pasado un ratito desde que nos hemos visto...

Pero en tono jocoso, haciendo ver que claramente les estaba vacilando, porque creía que ellos me estaban vacilando a mí. Pero ellos me miraron raro y me dijeron: 

-...sí. Nos lo pasamos muy bien, tenías que haber venido.

Ahí me di cuenta de que sí que estaba pasando algo raro. Al principio no sabía si era yo o ellos, así que tardé un poquito en reaccionar y pensar qué preguntarles:

-¿Qué habéis estado haciendo?

-Recoger leña, y cantar, y el tonto, ¿por qué, qué pasa?

-¿Y a dónde fuisteis?

-A donde siempre, allí donde están las ramas de chopo que nadie quiere.

-¿Y de verdad que no habéis hecho nada raro?

-¡Que no! ¿Por qué, qué pasa?

-O sea, que vosotros hace un ratito fuisteis al monte a por leña, y ahora habéis vuelto y vamos a hacer un fuego y una fiesta, sin más.

Y ellos al final me mandaron a la mierda, porque para ellos solo habían pasado una tarde entre risas y música, que el francés, el otro chico y yo somos músicos y estábamos todo el día metiendo ruido.

Y es eso, como al principio no estaba segura de si habían sido ellos o yo al día siguiente pregunté a algunas personas para comprobar si habían notado algo raro con el tiempo, pero nadie había notado nada. En cambio, esa tarde el francés se me acercó y me preguntó si el día anterior por la mañana le había echado la bronca al perro. Recuerda que vivíamos tan cerca que a nada que hicieras ruido se escuchaba todo, y eso había pasado la mañana que desaparecieron, es decir, el anteayer de cuando me lo preguntó.

En ese momento me di cuenta de que él también se había dado cuenta, y al responderle que no, que eso había sido el día anterior de cuando él pensaba, me quedé mirándole en plan "¿ves? Ha pasado algo raro". Y él al principio estaba mirando hacia arriba, pensando, pero cuando bajó la mirada y me descubrió mirándole así, al principio se sorprendió un poco, pero luego le cambió la cara y me asintió levemente. Entonces le dije:

-Por eso os preguntaba que a dónde habíais ido y qué si habíais hecho algo especial.

-Porque ha pasado un día desde que nos fuimos hasta que volvimos.

Y le asentí mientras nos mirábamos muy sorprendidos.

Ahí disipé mis dudas: habían sido solo ellos. Y lo confirmé más todavía cuando el otro chico vino esa noche y nos comentó que sus padres le habían echado la bronca por desaparecer sin decir nada, y él decía que qué pesados eran, que solo se había ido una tarde, que no sabía qué le decían de que avisara cuando pasara la noche fuera de casa. El francés y yo nos miramos, pero en ese momento no dijimos nada. Y no sé si él llegó a comentarles algo, yo desde luego no.

Quien quiera peces, que se moje el culo. Solo hay que estar atento.

Supongo que el francés también tiene "su Duendecillo" cabrón que le gasta ese tipo de travesuras. A veces me cuestiono si su duendecillo y el mío se conocen, y a veces no me cabe duda de que sí y que por eso nos hicieron coincidir. Porque además cuando el francés siguió su camino, coincidió con otra chica que este chico músico de mi ciudad y yo conocíamos desde hacía tiempo. La chica por la cual yo empecé a tocar la guitarra, de hecho.

Al final todo queda en familia.

Entre estos sucesos y lo que voy a contar a continuación realicé la última de esas mudanzas que he mencionado, encontrando ya por fin un poquito de estabilidad en ese sentido (¡por fin!).

Contaré más adelante las cosas curiosas que me han pasado en esta casa desde que vivo aquí, que además es la misma casa donde sucedió lo de las escaleras que relaté en la primera parte.

No pasó mucho tiempo desde que me vine a vivir aquí que me surgió la oportunidad de ir a Grecia. Fue una auténtica AVENTURA, así en mayúsculas, en negrita y subrayado. En esta historia no me parece correcto hablar del motivo de mi viaje a Grecia, pero sí creo digno de mencionar ciertos detalles del viaje de vuelta. Al ir fui con más gente, pero a la vuelta vine yo sola. Me planteé si ir por tierra, por tren, atravesando Europa del Este, pero como iba yo sola no me sentí muy segura. Al final decidí volver en barco a Italia y desde ahí en tren. Por cierto, con el carné de estudiante me salió gratis subir a la necrópolis de Atenas y me hicieron un descuentazo en el billete del barco; se habla poco de las ventajas de un carné de estudiante al viajar por Europa.

En resumen: en Grecia y desde Italia a España viajaba colándome en el tren, y cuando me pillaban me pedían educadamente que me bajara, y yo esperaba al siguiente tren que fuera en mi dirección y volvía a empezar. Me llevé mi gaita conmigo en esa aventura, como en tantas otras, y esperaba ponerme a tocar en la calle para sacar algo de pasta, pero en Grecia había probado y no saqué nada, y mientras estuve en Italia estuvo lloviendo la mayor parte del tiempo. Generalmente viajaba todo el rato y solo me paraba en las localidades el tiempo justo mientras esperaba el tren y procuraba conseguir algo de comer, pero en Florencia me apeteció quedarme unos días para ver la ciudad. Confiando en mi buena suerte con la gaita, al pagar el cámping de Florencia me quedé sin dinero, que por cierto vaya timo, yendo una sola persona sale más barato alquilar una plaza en una cabaña con más personas que un cacho tierra donde plantar la tienda de campaña sin más. Solo pude pagar dos noches, me hubiera gustado quedarme más tiempo, pero al ver que no pude ponerme a tocar por la lluvia, mi preocupación por tener qué comer empezó a acuciar más que mis ganas de explorar Florencia.

Aunque he de reconocer que la lluvia no solo trajo cosas malas jajajajajajajajajaj

Me da un poco de vergüencita publicar una foto de mi ingle, me he pensao si hacerlo o no. Al final he decidido que merece la pena.

Eso rosa es la marca que me dejaron las bragas al desteñirse en mi piel, por toda la cantidad de agua que me llovió encima jajajajajajajaj

Y por cierto, al buscar esa foto, justo al lado estaba ésta, que me saqué con la camiseta de Grecia y la llave de la cabañita que alquilé en Florencia:

Y la causalidad ha querido que esté vistiendo esta misma camiseta mientras escribo esto:

(Ya sé que siempre se me olvida buscar cómo quitar el volteo de los selfis y me doy cuenta cuando veo la foto en el ordenador, lo siento!)

Y luego, mi éxito al volver desde Florencia sin dinero no solo no pasando hambre, sino además siendo capaz de mantener de reserva una lata de lentejas desde Grecia hasta casa, fue fruto de una serie de casualidades y muchísima buena suerte. En este viaje de vuelta empecé a plantearme que, después de todo, quizá los dioses no me reketeodian tan fuerte.

UOOOOOOOOOOO me acabo de dar cuenta de que justo ahora mismo también estoy vistiendo las mismas bragas rosas que se me destiñeron encima en Florencia!!! Ya están un poco dadas de sí, pero son ellas!!! Pero de eso ya no voy a publicar foto jajajajaj

Ventana

He mencionado el viaje de vuelta y Florencia por un motivo.

Al poco de volver de Grecia fui a Madrid a pasar unos días con unos amigos. Allí coincidí con un chico que me recuerda un montón a otro chico con el que coincidí en León teniendo yo 18 años, y también a otro chico con el que coincidí en Foncebadón el año pasado, pero ese chico es otro tema en sí mismo. 

Estando con ellos probé la salvia divinorum. Ya antes de probarla lo primero que hicieron fue advertirme de que hay gente que había experimentado cosas, pero de buen rollo, es como que te da viaje pero no como las setas que te emparanoias, que por eso he preferido no probar las setas. Pero como esta planta me dijeron que no había riesgo de eso, me animé a probarla.

Al principio no noté nada fuera de lo común, pero al ratito sucedió.

Estábamos en un sótano, yo estaba sentada en un sofá, y de repente, en la pared delante de mí, apareció una ventana. Y lo gracioso es que no me pareció raro que apareciera una ventana donde antes no lo estaba, lo que me extrañó es que estábamos en un sótano, ¿una ventana en la pared de un sótano? ¿Para ver el infierno o qué?

Y la miré con atención y vi como una especie de túnel, y al final del túnel, allí en pequeñito, el Duomo de Florencia. Y no era capaz de saber por qué, pero me pareció ver algo raro en el Duomo.

Aquí me gustaría remarcar el pequeño detalle de que, en ese momento me parecía completamente normal ver el Duomo de Florencia en una ventana aparecida de la nada en la pared de un sótano de Madrid, pero había algo sobre el Duomo que me llamaba terriblemente la atención y que al principio no me daba cuenta de qué se trataba. El maravilloso mundo de las drojas xD

La cuestión es que había algo curioso que no era capaz de definir en lo que estaba viendo, así que me levanté y me acerqué a la ventana para ver de qué se trataba. Al aproximarme reparé en que en realidad no se trataba de un túnel, solo me había dado esa sensación, en verdad había una ventana, y luego una habitación oscura en medio, y luego justo en frente otra ventana que daba al Duomo de Florencia. Y según me acercaba a la ventana, me di cuenta qué era lo extraño que me llamaba terriblemente la atención: en lo alto del Duomo no estaba la bola de bronce, sino que se encontraba a un costado, justo en frente desde mi punto de vista, sujeta con un montón de cuerdas, y estaba siendo alzada muuuuy lentamente. 

No lo he mencionado antes pero a mí la figura de Leonardo da Vinci siempre me ha llamado muchísimo la atención, tanto sus mecanismos como su arte como el misterio que le rodea y como todo lo demás, sobre todo los mecanismos y el misterio. Por eso lo de quedarme en Florencia cuando pasé por allí y por eso quería atravesar esa ventana que estaba viendo.

Pero en medio había una habitación, así que en ese momento me concentré en esa habitación que había entre donde yo estaba y la ventana que quería atravesar. La recuerdo como en penumbra, y cada vez que lo recuerdo casi puedo oler el olor a polvo, roble viejo y pergamino. A la derecha no miré, pero no sé por qué estoy segura de que no había nada. A la izquierda había un escriptorium que parecía antiquísimo, y sentado en él había un hombre que parecía más antiguo todavía: tenía el pelo y la barba muy muy muy largos y muy muy muy blancos, en plan Gandalf pero más largos todavía. Y vestía como una túnica de monje negra. Había un libro sobre el scriptorium y ese hombre estaba apoyado sobre él, y se encontraba soberanamente aburrido. Tenía una pluma en la mano, pero no recuerdo si estaba escribiendo o solo estaba jugueteando con ella en la mano. Como sea, yo recuerdo que sentí tremenda curiosidad hacia el libro. A ver, en verdad la escena entera me resultó enormemente pintoresca, pero especialmente el libro.

Y esta fue la segunda ocasión en la que estiré el cuello, en esta para ver si alcanzaba a ver qué había ahí escrito.

El problema fue que justo cuando mi naricilla atravesó lo que sería el "vidrio" de la ventana, sentí como un cambio de densidad, o más bien esa densidad me sintió a mí, y una especie de perturbación se transmitió en el ambiente, como ondas en el agua. En ese momento recuerdo que pensé fugazmente "oh oh, ya la he liao" y me quedé mirando al hombre. Cuando las ondas que provoqué le alcanzaron, él se giró con cierta despreocupación para ver de qué se trataba, y al ver que era yo, pensó "ah, es Marietta..." y comenzó a girarse de nuevo hacia el libro completamente despreocupado, pero a medio gesto volvió a girarse hacia mí to alarmado y recibí el pensamiento de "espera, ¡es Marietta! ¿Qué coño hace aquí?"

A mí solo me dio tiempo de pensar "¿cómo sabe quién soy?" y en ese momento fue como si todo se iluminara de repente y noté unas manos sobre mis hombros que me empujaban hacia atrás y me llegaron las palabras "todavía no estás preparada, pequeña" mientras me daba la sensación de que me caía hacia atrás y veía como las ventanas se alejaban de mí rápidamente. 

Y en ese momento en que sentía que me caía, me di cuenta de que en realidad en ningún momento había llegado a levantar el culo del sofá. Fue cuando los chicos con los que estaba se dieron cuenta de que mi viaje ya había terminado y se echaron a reír, obviamente; es gracioso ver a alguien bien sentado intentando agarrarse a las cosas porque cree que se está cayendo. Yo también me eché a reír y me preguntaron qué había visto y se lo conté y flipamos todos.

Después de eso vi una entrevista de Christian Gálvez en la que decía algo así como que en tiempos más modernos, para limpiar esa bola de bronce, han evaluado qué era mejor: si bajarla, limpiarla abajo y volverla a subir, o si dejarla en su sitio y subir a limpiarla ahí donde está. Al final siempre han decidido que sale más rentable económicamente subir a limpiarla, y así además se evitan el riesgo de romperla en el proceso. Y por eso, la bola de bronce del Duomo de Florencia nunca se ha bajado desde que fue puesta en la época del Renacimiento, que lo vio Leonardo da Vinci. Y también explicaba que Leo empezó su diario años después de eso, pero sobre el día en que subieron la bola de bronce al Duomo dejó escrito que fue un día que le llamó la atención, pero no dijo que dejara reflejado por qué.

Con todo esto en cuenta, a mí me hace ilu pensar que esa experiencia se trató de un viaje astral o algo así y que he asomado el hocico a un viaje espacio-temporal. Y sería brutal porque en lo último que me dijeron, la clave es la palabra "todavía", porque eso quiere decir que algún día sí que atravesaré esa ventana :b :D ^^

Con esta experiencia también me he encontrado al aguafiestas de turno que me vino diciendo que igual solo era una proyección de mi subconsciente. Pedorreta pa él.

Y lo dejo aquí de momento.

El próximo, iba a decir creo pero la verdad es que voy a poner todo mi esfuerzo en que sea el último reporte de las cosas que me han pasado hasta hoy, porque sería el número 3, mi número ^^

Y más verdad todavía, no es exactamente hasta hoy sino más bien hasta poco después de La Charla del 6 de agosto de 2022, en la que publicaron ciertas pruebas científicas que le han hecho al cráneo misterioso de León, porque mi historia se entrelaza más adelante con la historia de esos cráneos de nuevo.

Y de una manera maravillosa.

¡Un saludín! ^^

Marietta

💛

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